¿Por qué mi gato me muerde?

¿Por qué mi gato me muerde?

La agresividad felina es un problema que preocupa a muchos propietarios, por ello, es habitual que quienes experimentan esta situación se pregunten "por qué mi gato me muerde" y lo más importante, qué pueden hacer para solucionarlo de forma efectiva y lograr un comportamiento más calmado en sus felinos, ¿tu también?

La modificación de conducta es un proceso lento, que requiere mucha paciencia por parte del propietario, un buen manejo y la aplicación de pautas adecuadas. En los casos más graves puede ser necesario el uso de medicación, especialmente cuando los niveles de estrés y agresividad son tan altos que ponen en riesgo el bienestar del individuo y de todos los miembros del hogar, por ejemplo cuando hay niños pequeños en casa y la situación entraña riesgos graves.

En este artículo de ExpertoAnimal hablaremos en detalle de por qué los gatos muerden a sus tutores, explicándote las causas que pueden provocar la aparición de agresividad en el felino, qué hacer cuando sucede y lo más importante: cómo debe tratarse de forma efectiva este problema del comportamiento.

La agresividad en los gatos

Para dar respuesta a tu pregunta acerca de "por qué mi gato me muerde", es esencial hacer un repaso por la forja del carácter del gato y el desarrollo de la agresividad o de las conductas relacionadas.

Debemos saber que los felinos no son animales agresivos de por sí, de hecho, este comportamiento puede estar provocado por predisposición genética, por el aprendizaje, es decir, experiencias negativas y traumas o bien podemos hablar también de errores en el proceso de socialización del cachorro.

Para solucionarlo de forma efectiva se debe identificar cuál es la motivación de la agresión, diferenciando correctamente las conductas relacionadas con el juego del miedo, la intolerancia a la manipulación, la agresión redirigida o el dolor. También es importante identificar los estímulos excitantes que desencadenan las conductas agresivas, tales como los ruidos fuertes y agudos, la aparición de personas en el hogar, los olores anómalos, la presencia de perros y otras situaciones inesperadas.

A continuación repasaremos las causas más comunes que pueden provocar que un gato muerda:

Mi gato me muerde cuando lo acaricio

Este es un problema muy común, especialmente cuando se desconoce el lenguaje corporal de los gatos y el significado de ciertas posturas. Se manifiesta del siguiente modo: acariciamos a nuestro gato, que aparentemente se encuentra relajado y tranquilo, hasta que de pronto se gira y nos muerde las manos, con más o menos fuerza, agarrándolas con sus patas delanteras. Aunque pueda sorprender a más de una persona despistada, lo cierto es que en la mayoría de los gatos han avisado previamente, con movimientos de cola serpenteantes y orejas hacia los lados o hacia detrás.

Pero, ¿por qué mi gato me muerde cuando lo acaricio? Mientras que encontramos algunos gatos que adoran las caricias interminables en las orejas o en la espalda otros van a detestarlas. Así, esta conducta suele ser una advertencia para que dejemos de tocarle esa zona, generalmente la barriga, aunque no es la única. Algunos gatos experimentan una sensación de relajación y bienestar tan agradable que se sienten vulnerables, por ello deciden atacar de forma defensiva. Generalmente después se acicalan o realizan otras señales de calma para relajarse y volver a la normalidad.

Lo ideal es evitar que el gato llegue a atacar, de este modo, aconsejamos realizar sesiones de caricias cortas, reforzando además al finalizar la sesión con la voz o con algún premio sabroso, para que asocie la manipulación con la previsibilidad y las experiencias agradables. En cualquier caso, evitaremos gritarle o regañarle, pues ello puede provocar que asocie la manipulación de forma negativa.

Mi gato me muerde jugando

Especialmente en aquellos gatos que se han sido adoptados prematuramente observamos conductas agresivas relacionadas con el juego. Debemos saber que los gatitos cachorros aprenden las conductas sociales adecuadas junto a sus hermanos y su progenitora, quien les enseña los límites del juego o de los mordiscos. En su ausencia, el gato no aprende a gestionarlo correctamente y se excede sin quererlo.

También puede ocurrir cuando las personas juegan de forma muy activa (y hasta brusca) con sus gatos, utilizando manos o pies, cuando lo ideal es emplear siempre un juguete como intermediario para evitar que pueda hacernos daños. Uno de los accesorios más recomendables en este sentido es la caña de pescar para gatos.

En otros casos los felinos se sobreexcitan, habitual en cachorros y gatos jóvenes, y llegan incluso a atacar piernas y pies cuando pasamos por el pasillo. Al principio, los tutores encuentran muy graciosa esta conducta, cuando el gatito es un cachorro, y la refuerzan inconscientemente con palabras amables y situaciones positivas. Más adelante, cuando el gato ya es adulto, se asustan al recibir mordiscos graves y dolorosos.

Lo ideal en estas situaciones (aunque resulte complicado) será ignorar por completo su comportamiento, pues el felino espera atención, lo que es un refuerzo indirecto. Otro aspecto importante a trabajar en este tipo de agresiones activas será el enriquecimiento ambiental, pues esta conducta puede deberse a la frustración de un hogar sin estimulación o a la ausencia prolongada de los propietarios. Podemos ofrecerle juguetes variados que iremos rotando, estructuras para trepar o realizar sesiones diarias de juego con el felino.

Mi gato me muerde suavemente

Si has llegado hasta aquí preguntándote "por qué mi gato me muerde la nariz o el pelo suavemente" debes saber que estás ante una muestra de afecto. Los gatos en ocasiones pueden mordisquear flojo, sin ocasionar dolor, como consecuencia de una emoción afectiva que quieren expresar. En principio no habría por qué rechazar este tipo de comportamiento si no nos está causando dolor o incomodidad, sin embargo, si no nos gusta, podemos evitarla apartándonos cada vez que nuestro felino la realice. Si somos constantes, dejará de hacerlo.

Mi gato me muerde fuerte

Algunos gatos pueden llegar a morder realmente fuerte cuando se sienten asustados, amenazados o en peligro. No obstante, antes de atacar, el felino mostrará diversas señales, como maullidos graves, pelo erizado, orejas hacia atrás, bufidos, siseos y hasta una postura corporal retraída.

Un gato que se esconde constantemente refleja que se siente amenazado en su entorno y, cuando se esconde, lo hace porque considera que existe un peligro. No obstante, al esconderse, se siente aliviado y seguro, por lo que en ningún caso lo forzaremos a salir de su escondite. Por ello, debemos proporcionarle un ambiente muy previsible, seguro y tranquilo, sin visitas, ruidos o sobresaltos, especialmente los primeros días en el hogar o cuando muestre comportamientos relacionados con el miedo.

Lo ideal es transitar moderadamente la zona en la que se esconde, aumentando el número de visitas de forma gradual, a la vez que le proporcionamos una asociación positiva de nuestra presencia, con golosinas o palabras amables. No olvidemos que deberá tener acceso a un bol de agua, su comida y a su bandeja sanitaria.

Mi gato me muerde, ¿qué puedo hacer?

Especialmente cuando el comportamiento del felino no mejora, se agrava o cuando los mordiscos y las heridas son graves (o van dirigidas a un niño), es muy importante consultar con un especialista, preferiblemente con un veterinario especializado en etología.

El profesional, para empezar, descartará un posible problema hormonal o de salud a través de pruebas para el diagnóstico, como puede ser un análisis de sangre. Además, a través de un cuestionario y/ visitas en el hogar nos proporcionará un diagnóstico, pautas personalizadas y hasta un plan de modificación de conducta. Es probable que pueda prescribirnos también medicación para mejorar el bienestar del gato y garantizar una mejoría progresiva.

Es importante atajar el problema cuanto antes, pues cuando más esperemos más probabilidades existe de que se cronifique y sea más complicado de tratar. En algunos casos, además, puede que no se solucione nunca el problema. En cualquier caso, será el veterinario el que nos ofrezca un pronóstico. Nuestro trabajo consistirá en seguir las pautas del profesional y ser muy pacientes, pues es un trabajo que lleva tiempo.

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Bibliografía
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