¿Por qué mi gato no se deja tocar?

¿Por qué mi gato no se deja tocar?

La pregunta "¿por qué mi gato no se deja tocar?", quizá sea una de las más repetidas por los propietarios primerizos de un felino. La tendencia de considerarlos como un perro pequeño, o algunos errores de novato que solemos cometer aunque ya seamos veteranos, pueden hacer que nuestro minino nos rehuya cada vez que intentamos demostrarle nuestro afecto con caricias.

Este artículo de ExpertoAnimal intentará explicar algo más sobre el peculiar carácter de los gatos, y las consecuencias que este puede tener en la interacción entre humanos y felinos.

No son perros pequeños

Sabemos que son carnívoros, que son el segundo animal de compañía más frecuente en nuestros hogares, que nos reciben al llegar a casa haciéndonos sentir especiales y que, cada uno a su manera, disfrutan de nuestra compañía. Pero los gatos no son perros en tamaño reducido, una cuestión obvia que muchas veces se nos olvida. Del mismo modo que insistimos a los niños en que no atosiguen a los animales manipulándolos sin advertencias, o de forma insistente, debemos comprender que tener un gato es como tener un jefe exigente: él decidirá prácticamente todo en lo concerniente a la interacción con su humano.

Para los gatos nuestro hogar es su hogar, y nos permiten convivir con ellos. Nos marcan a diario frotándose contra nuestras piernas en lo que entendemos como una señal de cariño, y en su mundo lo es..., pero un cariño particular en el que queda claro quién manda. Por ello, y en lo que a caricias se refiere, debemos entender que será el gato el que decida cómo y cuándo se dejará acariciar y/o manipular, y nos mostrará su desacuerdo o conformidad con múltiples señas del lenguaje corporal felino (posición de orejas, movimientos de rabo, pupilas, sonidos...) que nos indicarán cuándo dar por terminada la sesión, o si podemos continuar.

Pero si mi gato es como un peluche...

Por supuesto, esto no significa que no existan muchos "gatos-croqueta", auténticos sacos de mimos peludos que se comportan como el más complaciente de los perritos falderos. De hecho, el carácter varía mucho según el tipo de gato predominante, y se pueden escuchar en muchos estudios diferencias entre gato europeo y gato americano.

Años de selección han conseguido felinos de compañía de más tamaño y carácter más parecido al de un perro en algunos lugares del mundo, pero el llamado gato romano, el más frecuente en los hogares de Europa, no es tan distinto del que pululaba cerca de los graneros hace unos siglos, y su carácter no suele ser el de los apacibles y enormes gatos norteamericanos.

El momento equivocado

Siempre tendemos a tratar de tranquilizar a nuestro gato con caricias cuando le vemos en una situación estresante, pero esto puede provocarle aún más ansiedad, hacer que nos evite y, por tanto, conseguiremos que nuestro gato no se deje tocar.

Todos tenemos las imagen de nuestro gato mirando por la ventana y masticando el aire mientras mira fijamente una paloma. En ese instante, posiblemente veamos su cola moverse ansiosa. Nuestro intento por acariciarle posiblemente acabe en mordisco, ya que en esa situación transitoria (o en otras similares), el pobre minino se encuentra un poco frustrado además de concentrado y lo último que necesita es una mano que se apoye sobre su lomo o cabeza.

Las novedades son difíciles de asimilar por parte de los gatos, así que ante visitas, cambios de muebles, o mudanzas, es normal que nos eviten cuando nos empeñamos en acariciarles para calmarlos, sin haberles dejado previamente el espacio y tiempo necesario para habituarse.

Si acaba de pasar por una situación muy traumática (la visita al veterinario, por ejemplo), es lógico que tarde unas horas en perdonar nuestra traición, nos evite o nos ignore, del mismo modo que cuando toca dar una medicación varios días, y terminará por cambiar de habitación en cuanto nos vea entrar.

Zonas prohibidas y permitidas

Los gatos se muestran muy receptivos a las caricias por ciertas zonas y bastante reacios a que les toquemos otras partes del cuerpo. Las zonas más aceptadas:

  • El cuello.
  • Detrás de las orejas.
  • Mandíbula, y parte de la nuca.
  • La parte posterior de lomo, justo donde comienza la cola.

No obstante, el dicho de "defenderse como gato panza arriba", tiene una base sólida: por lo general los gatos odian que insistamos en rascarles la barriga, es una postura de indefensión que no les da mucha tranquilidad. Así, si intentas hacerlo y te preguntas por qué tu gato no se deja tocar, aquí tienes la respuesta.

Los flancos son zonas delicadas también y no suelen agradarles las caricias en ellos. Por lo que nada más que nuestro felino nos deje compartir nuestro hogar con él, debemos comenzar con suavidad a identificar las zonas le resultan especialmente molestas que toquemos.

Por supuesto, están los afortunados propietarios de gatos que pueden acariciarlos a su antojo sin que el minino deje ni un minuto de ronronear, que los hay, y nos dan una envidia tremenda. Pero casi todos los mortales hemos tenido o tenemos un gato estándar, que nos ha dejado varios recados en forma de mordiscos el día o la semana que no estaba de humor para caricias.

Un carácter marcado

Al igual que cada perro, cada humano o cada animal en general, cada gato tiene un carácter propio, definido por la genética y el ambiente en el que se crió (hijo de una madre temerosa, la convivencia con otros gatos y personas en su período de socialización, situaciones estresantes en su etapa crítica de desarrollo...).

Así, encontraremos gatos muy sociables y siempre dispuestos a la interacción en forma de caricias y otros que simplemente nos harán compañía a un par de metros de distancia, pero sin mayores confianzas. Solemos achacarlo a un pasado incierto y traumático, en el caso de los gatitos callejeros, pero este tipo de personalidad tímida y huidiza se puede encontrar en gatos que han compartido su vida con humanos desde el minuto uno y que tienen hermanos de camada relativamente sociables.

Nuestros intentos por acostumbrarlos a la manipulación pueden agravar su reticencia, logrando justo lo contrario de lo que deseamos, de modo que al final nuestro gato saldrá de debajo de la cama el tiempo para comer y usar el arenero y poco más.

¿Se puede modificar el carácter de un gato?

Existen alteraciones del comportamiento que se pueden solucionar con ayuda de etólogos y/o medicación, pero si nuestro gato es esquivo y tímido, no podemos cambiarlo, tan solo ayudarle fomentando los momentos en que se acerque a nosotros y adaptándonos a ellos. Es decir, en lugar de cambiarlo, podemos ayudarle a adaptarse, y si eso falla, adaptarnos nosotros a la situación.

Por ejemplo, muchos gatos adoran acudir al regazo de su dueño cuando está sentado frente al televisor, pero se levantan de inmediato cuando éste comienza a acariciarle. Lógicamente, lo que se debe hacer en estos casos es disfrutar de esa interacción pasiva, pero igual de reconfortante, y no insistir en lo que le desagrada, aunque nunca lleguemos a conocer el motivo.

Y las hormonas...

Por supuesto, si nuestra gata está entera (no castrada), y llega el momento del celo, puede suceder de todo: desde gatas ariscas que se vuelven zalameras, hasta gatas mimosas que atacan a todo humano que se mueva. Y de caricias, ni hablar.

Los gatos machos pueden huir de nuestras caricias cuando están enteros y llega la época de celo porque suelen estar más ocupados en marcar territorio, ahuyentar competidores, explorar por la ventana (con trágicos resultados muchas veces), y hacer caso a sus instintos, que en sociabilizar con personas.

El dolor

En el caso de que nuestro gato siempre se haya dejado acariciar sin mayores problemas, con sus días mejores y peores, pero lleve un tiempo esquivando nuestras caricias o agrediéndonos al tocarlo, es decir, observemos un cambio de carácter evidente, puede ser un síntoma claro de dolor y, por ende, la respuesta a la pregunta "por qué tu gato no se deja tocar" se encuentre en las siguientes causas:

  • Artrosis
  • Dolor referido de algunas partes del cuerpo
  • Quemaduras locales que pueden surgir tras la aplicación de algún fármaco,
  • Heridas que se esconden bajo el pelaje...etc.

En este caso se hace necesaria una visita al veterinario, quién descartará causas físicas, y buscará, una vez eliminadas esas probabilidades, las causas psíquicas, ayudado por la información que aportemos. Os recomendamos leer el artículo de ExpertoAnimal sobre los 10 signos de dolor en gatos, para completar esta información.

La demencia en gatos no está tan bien documentada como en perros, pero también es posible que con los años los gatos cambien de costumbres al igual que los perros. Aunque nos reconozcan, puede que aunque antes adorase que le acariciásemos, los años lo vuelvan más especial y decida cortar antes las caricias, u opten por evitarlas, sin que haya ninguna evidencia de dolor físico o de sufrimiento psíquico... solo que se vuelven cascarrabias, como los humanos, pero es necesario comprobar primero que el origen de ese comportamiento no sea una dolencia física o mental.

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