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Razas de perros de terapia

 
Por Marta Sarasúa, ATV y etóloga especializada en modificación de conducta. 21 octubre 2021
Razas de perros de terapia

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Las intervenciones asistidas con animales (IAA) son un recurso cada vez más demandado por parte de diferentes instituciones. Hoy en día es frecuente encontrar actividades lúdicas, terapéuticas y/o educativas asistidas por perros en la programación de colegios, residencias de ancianos, escuelas de educación especial, centros penitenciarios e incluso en hospitales, y esto es gracias a la enorme cantidad de beneficios que, hasta la fecha, sabemos que aporta la presencia de un perro en estos contextos.

La terapia asistida por perros es un tipo específico de IAA donde los canes se convierten en coterapeutas durante las sesiones para ayudar a los usuarios a mejorar sus funciones físicas, emocionales, cognitivas y/o relacionales, según el caso. Si te gustaría conocer más acerca del trabajo de los perros de terapia y sus beneficios, en este artículo de ExpertoAnimal te lo contamos todo sobre ellos.

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¿Qué son los perros de terapia?

Un perro de terapia es un animal que ha sido cuidadosamente seleccionado, evaluado y educado para acompañar al profesional de la salud durante las sesiones terapéuticas y ejercer una función de apoyo en las mismas. Este tipo de intervenciones están perfectamente estructuradas y adaptadas a las necesidades de cada usuario y, además, suelen ser duraderas, lo que permite que muchos pacientes lleguen a establecer un fuerte vínculo con el perro terapeuta que le acompaña durante las sesiones.

Por su parte, el can se encarga de proporcionar una inestimable ayuda a la hora de aumentar la atención y la motivación de los pacientes, incrementar su confianza y optimismo y reducir el estrés que en muchos casos les puede suponer la terapia, especialmente a aquellos que deben revivir episodios traumáticos o dolorosos durante las sesiones.

Beneficios de las terapias con perros

Desde que empezamos a convivir hace miles de años, los seres humanos hemos establecido un enorme vínculo afectivo con los perros, lo que ha supuesto para muchos una indudable mejora en cuanto a bienestar y calidad de vida. Los beneficios que aporta la compañía de los perros ya se conocían y valoraban hace siglos, pues hoy sabemos que ya en la antigua Grecia llevaban canes a los templos de sanación para que los pacientes se recuperarán más rápidamente. Desde finales del siglo pasado (y especialmente durante los últimos años), ha aumentado muchísimo el número de investigaciones científicas acerca de los beneficios que aportan las intervenciones asistidas con animales, incluida la terapia con perros.

Gracias a la gran cantidad de estudios disponibles, podemos afirmar que contar con un perro en el equipo terapéutico aporta a los pacientes, entre muchas otras, las siguientes ventajas:

  • Mejora las habilidades sociales y comunicativas y fomenta la iniciativa por unirse a actividades en grupo.
  • Potencia la autoestima, la autoconfianza y la sensación de optimismo.
  • Aumenta la capacidad de concentración y atención.
  • Mejora la coordinación motriz en pacientes con dificultades de movimiento.
  • Reduce el ritmo cardíaco y la presión arterial, facilitando un estado de relajación y disminuyendo los niveles de estrés y ansiedad.

Características de los perros de terapia

En muchas ocasiones, y al igual que ocurre con los perros de asistencia o ayuda social, los perros que van a ser entrenados como animales de terapia nacen y se crían en centros especializados, donde los profesionales se encargan de seleccionar y perpetuar ciertos rasgos específicos de carácter, así como de proporcionar a los cachorros la estimulación y educación adecuada desde muy temprana edad. No obstante, esto no tiene por que ser así necesariamente. En realidad, cualquier perro que cumpla una serie de características puede ser entrenado para convertirse en coterapeuta, independientemente de su tamaño, edad, raza o del sitio donde haya nacido.

Las principales características de los perros de terapia son las siguientes:

  • Buena socialización. En primer lugar, es imprescindible que el animal haya estado correctamente socializado desde cachorro y haya tenido experiencias positivas tanto con personas como con otros animales, sonidos y objetos. Una buena socialización permite que el perro, al alcanzar la madurez, tenga mucha seguridad en sí mismo y no desarrolle miedos o fobias ante lo desconocido. Explicamos Cómo socializar a un cachorro correctamente en este otro artículo.
  • Habituación a la manipulación. Por otro lado, el perro de terapia debe estar habituado a todo tipo de manipulación y es importante que disfrute de la compañía y el contacto humano, puesto que, durante las sesiones, lo normal es que los usuarios quieran tocar al animal y, en muchos casos, deberán acariciarle, peinarle o apoyarse en él como parte de la terapia.
  • Interés por el aprendizaje. Como es obvio, los perros de terapia deben entrenarse utilizando una metodología respetuosa y basada en el refuerzo positivo, por lo que se debe tener en cuenta el nivel de motivación del peludo y su interés por los reforzadores como los juguetes o la comida. A algunos perros les encanta entrenar y disfrutan aprendiendo nuevos trucos, pero a otros esto no les interesa tanto y, en este caso, jamás se les debe forzar a interactuar con los pacientes si no desean hacerlo.

Por último, pero no menos importante, el terapeuta o el entrenador que se encargue de guiar al perro durante la terapia debe tener amplios conocimientos sobre lenguaje y comportamiento canino y asegurarse de que, en cada sesión, el perro se encuentra cómodo y en perfecto estado de salud, tanto física como emocional.

Razas de perros de terapia

No existe una raza específica de perro de terapia. Como hemos mencionado anteriormente, cualquier can puede ser entrenado para este trabajo, puesto que lo que importa es su temperamento y la educación que reciba.

No obstante, sí que es cierto que algunas razas muestran una tendencia genética a presentar ciertos rasgos de carácter deseables que pueden facilitar su proceso de entrenamiento y su posterior adaptación a las sesiones terapéuticas. Así pues, las razas de perros de terapia más habituales son las siguientes:

Labrador retriever

Esta famosísima raza de perro es, probablemente, la más empleada a nivel mundial para realizar trabajos de ayuda y asistencia social por varios motivos. Su carácter alegre y sociable hace que los labradores disfruten mucho de la compañía, tanto humana como perruna, y su gran motivación por entrenar y aprender nuevas habilidades supone otra gran ventaja a la hora de prepararlos como perros de terapia. Además, tienen un tamaño ideal para que los usuarios puedan interactuar con ellos cómodamente y sin dañarles.

Golden retriever

El golden retriever tiene un origen, tamaño y temperamento muy similares a los del labrador y es, sin ninguna duda, otra de las razas estrella cuando hablamos de intervenciones asistidas con perros. Es un perro noble, paciente, tranquilo y muy inteligente, ideal para participar en terapias tanto con adultos como con niños o ancianos. Además, se dice del golden retriever que tiene una sensibilidad especial para captar las emociones humanas y responder ante ellas.

Caniche o poodle

Algo que no todo el mundo sabe es que los caniches están considerados como una de las razas más inteligentes y adecuadas como perros terapéuticos. Sus características físicas y comportamentales lo han convertido en un perro de trabajo ideal y también es muy frecuente encontrar cruces de caniche con labrador (labradoodle) y con golden retriever (goldendoodle) ejerciendo de coterapeutas en diferentes tipos de intervenciones, de manera que, como vemos, los perros mestizos también son perfectos para la realización de terapias asistidas.

Pastor alemán

Correctamente socializados y educados, los pastores alemanes son perros "todoterreno" que se implican al máximo en toda tarea para la que son adiestrados. Son perros muy populares y queridos, extremadamente inteligentes y muy obedientes.

Cavalier king Charles spaniel

Quizá algo menos conocido, este pequeño perro de origen inglés se caracteriza por ser muy familiar y cariñoso. Su simpatía y carácter juguetón lo han convertido en una raza de perro de terapia ideal para las terapias con niños, personas mayores o, en general, con aquellos pacientes que pueden sentir cierto miedo o inseguridad hacia perros de mayor tamaño.

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